Al principio fue la falta de recursos. No había dinero. Al menos no para «mis pendejadas». Así es como mis papás llamaban a todo lo que tenía que ver con mis hobbies. Después no hubo tiempo. Comencé a trabajar. Mi familia ya no podía seguirme manteniendo después de que terminé con la universidad.
Pasaron un par de años y lo que no había era energía. Vivir en una ciudad grande, trabajar 8 horas más el tiempo de traslado, y las tareas en mi casa como adulto independiente apenas me dejaban con la energía suficiente para ver una película de vez en cuando.
En algún momento quise intentarlo. Las oportunidades eran limitadas. En este pinche país, las becas se la dan a los amigos de los amigos. Las convocatorias las ganan por palancazo y el estímulo económico lo reciben aquellos cuyo nombre ya es medianamente conocido.
Más tarde me faltó salud. Comencé a sufrir por un trastorno de ansiedad. Me deprimí porque dejé de funcionar como una persona «normal». Estuve en tratamiento psiquiátrico por más de dos años. Llevo casi 6 años asistiendo a terapia psicológica regularmente.
Al final las cosas se fueron acomodando. Se me acabaron las excusas. Me di cuenta de que lo único que me faltó todo ese tiempo fue el coraje. Necesitaba hacer las cosas sin temer al resultado.

Me queda claro que mi yo del pasado no tenía los conocimientos. Tampoco tenía la fortaleza mental o el valor de hacer arte sin miedo. También es verdad que carecí de muchos privilegios. Estos privilegios me hubieran inyectado con la dosis de autoestima suficiente para comenzar a crear sin preocuparme por los resultados o el futuro en general. Por ningún motivo estoy diciendo que mi problema fueron las excusas o que me faltó «charle ganas». La gran realización que tuve después de reflexionar sobre mi pasado inmediato fue que siempre he tenido, y sigo teniendo, miedo a crear.
La cosa es la siguiente: en este momento de mi vida tengo las mejores condiciones. Nunca antes he tenido tan buenas condiciones para comenzar a crear. No hay nadie que me moleste. No hay familiares odiosos que me juzguen. No hay deudas o problemas económicos. No hay desempleo. No hay empleo tóxico. No hay mal de amores. No hay enfermedades y, sobre todo, no hay trastornos ansioso-depresivos que aumenten la dificultad en x5 a mi vida.
Con toda seguridad, este es el periodo más tranquilo y pacífico que he tenido en mi vida desde la infancia. Entonces, si tengo el tiempo y las ganas, ¿por qué no estoy haciendo lo que siempre he querido hacer? Porque tengo miedo. Un miedo sobre el cual he reflexionado incansablemente durante los últimos meses.
Es un sentimiento muy difícil de explicar, que se presenta como una explosión de muchas otras emociones a la vez. Pero si me encontrara en la necesidad de explicarlo a alguien que no fuera yo, diría que:
Es la frustración de no poder apagar tu mente. Son las palabras de autodesprecio. Es el trauma ese que ya ni sabes cuál es o de qué trata o de dónde viene, pero que sigue enterrado en los más profundo de tu subconsciente. Son las palabras de desaliento de tus seres queridos que no querían que te murieras de hambre. Es la burla del niño que se reía de tus dibujos. Son las miradas raras de tus compañeros cuando tartamudeaste al leer en voz alta. Es la baja autoestima que pensaste que ya no tenías. Es sentirse desolado porque a nadie le importa. ¡Es sentir un grandísimo alivio porque a nadie le importa! Acordarte que ya tienes 30 años. Y luego darte cuenta que ¿apenas tienes 30 años? Es despertar un miércoles y leer la gran idea que tuviste y pensar que va a cambiar la historia. Es leer esa misma idea el viernes y darte cuenta de que es una puta mierda. Es dejar de crear cuatro meses y sentirse culpable. Es crear de nuevo después de cuatro meses para volver a dejar de crear cuatro meses más. Es un círculo vicioso de culpa, arrepentimiento y perdón. Son los incontables videos de 5-10 segundos que ves todos los días. Es tu culpa, por eso te señalo, para evitar que se me caiga el engaño. Porque solo así voy a tener más tiempo para no hacerme responsable y aceptar que es miedo.
Miedo al fracaso, al rechazo y a que a nadie le importe. Miedo a ser juzgado por lo que me gusta crear. Miedo a darme cuenta que nunca existió ese tal síndrome del impostor porque al final nunca fui bueno en nada. Miedo a que se me caiga el sueño, a darme cuenta que tal vez no es lo que quiero.
El arte es lo que me ha mantenido soñando despierto desde hace mucho tiempo. Es ese gran objetivo a alcanzar. Quiero poder vivir haciendo lo que realmente amo. Me da miedo intentarlo de una vez por todas. Temo tener que aceptar que fracasé o que nunca va a suceder.
La vida es injusta y si algo he tenido que hacer desde que me convertí en un adulto es aceptar. Y aceptar me ha servido para ser más feliz. Pero aceptar también puede ser una de las cosas más difíciles de lograr en esta rarísima experiencia que es vivir.
Sé lo que tengo que hacer. Lo he platicado con otras personas que han tenido miedo a crear. Los tres terapeutas distintos que he tenido en los últimos 4 años han coincidido en su diagnóstico: solo tengo que hacerlo.
Pasos pequeño al principio. Crear el hábito. Hacerlo es la clave para dejar de tener miedo. Eso lo he experimentado y confirmado de primera mano antes, con otras experiencias que solían ser todo un reto y no lo son más.
Grandes artistas que admiro personalmente recomiendan hacer arte malo. Muchos de ellos coinciden en que es necesario apestar al principio; no podemos saltarnos esa parte de la experiencia. Para estar satisfechos con nuestro arte primero debemos estar cómodos con la idea de cometer errores, porque solo así se aprende.
Se dice fácil, pero cuando se es adulto, fracasar o equivocarse es inaceptable en la mayoría de escenarios. ¿El secreto? Aprender con la ingenuidad de un niño, usando el conocimiento que tenemos como adultos.
Esta no es una guía, mucho menos la respuesta a qué hacer para dejar de tener miedo a mostrar tu arte. Es un ejercicio muy personal que quise hacer para dejar de tener miedo a crear y comenzar a crear con miedo.
Mi arte es la escritura, es lo que me gusta, es lo que me hace sentir pleno, y este primer post se trató de tomar la oportunidad de despotricar a diestra y siniestra sobre esto que tanto ha rebotado en mi cerebro durante los último años, tiempo en el que me he culpado por no crear y me he sentido insatisfecho por creer que la oportuinidad se me había ido de las manos.
Mi vida apenas comienza.

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